"Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía."
— Génesis 37:5, RVR1960
En su primer sueño, las gavillas de trigo de sus hermanos se inclinaban ante la suya. En el segundo, el sol, la luna y once estrellas se postraban ante él. Incluso Jacob lo reprendió por esto (Génesis 37:10), pero la Escritura dice que su padre "guardaba en su mente el asunto" (Génesis 37:11). Jacob intuía que algo más grande estaba en juego.
La traición de sus propios hermanos
Un día Jacob envió a José a ver cómo estaban sus hermanos que pastoreaban los rebaños en Siquem. Cuando lo vieron venir de lejos, conspiraron para matarlo:
"Y dijeron el uno al otro: He aquí viene el soñador. Ahora pues, venid, y matémosle y echémosle en una cisterna, y diremos: Alguna mala bestia lo devoró; y veremos qué será de sus sueños."
— Génesis 37:19-20, RVR1960
Rubén, el hermano mayor, logró que no lo mataran y lo echaron en una cisterna vacía. Pero cuando Rubén se ausentó, Judá propuso venderlo a una caravana de mercaderes ismaelitas que pasaban camino a Egipto. Lo vendieron por veinte piezas de plata.
Después tomaron la túnica de colores de José, la mancharon con sangre de un cabrito, y se la llevaron a su padre. Jacob creyó que una fiera lo había despedazado. El dolor de Jacob fue devastador:
"Y él la reconoció, y dijo: La túnica de mi hijo es; alguna mala bestia lo devoró; José ha sido despedazado. Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y satisfizo duelo por su hijo muchos días."
— Génesis 37:33-34, RVR1960
Esclavo en Egipto: la casa de Potifar
En Egipto, José fue comprado por Potifar, un oficial del faraón y capitán de la guardia. Aquí aparece una frase que se repite como un estribillo a lo largo de toda la historia: