"Y José, tomando el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue."
— Mateo 27:59-60, RVR1960
El sábado fue un día de silencio. Los discípulos guardaron el reposo, pero los líderes religiosos pidieron a Pilato que pusiera guardia en el sepulcro, porque recordaban que Jesús había dicho que resucitaría al tercer día (Mateo 27:62-66).
El domingo: la tumba vacía
Muy temprano, el primer día de la semana, un grupo de mujeres fue al sepulcro. Cada Evangelio menciona este momento con detalles propios, pero todos coinciden en lo esencial: la piedra había sido quitada y el cuerpo no estaba.
"Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro."
— Mateo 28:1, RVR1960
Mateo relata que hubo un gran terremoto y que un ángel del Señor descendió del cielo, removió la piedra y se sentó sobre ella. Los guardias temblaron de miedo y quedaron como muertos (Mateo 28:2-4).
Marcos añade que las mujeres llevaban especias aromáticas para ungir el cuerpo, y se preguntaban quién les quitaría la piedra. Cuando llegaron, ya estaba removida.
"Y cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande."
— Marcos 16:4, RVR1960
Lucas menciona que eran varias mujeres, incluyendo a Juana y a María, madre de Jacobo, y que dos varones con vestiduras resplandecientes les dijeron: