"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna."
— Juan 3:16, RVR1960
Ese lenguaje — solemne pero cercano, con un ritmo que se queda en la memoria — es el sello de esta traducción. Para millones de hispanohablantes, así suena la Palabra de Dios.
"Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino."
— Salmos 119:105, RVR1960
Este versículo describe bien lo que la Reina-Valera ha sido para generaciones enteras: una lámpara que ha iluminado el camino de la fe en nuestro idioma.
La historia detrás del nombre: Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera
Para entender la Reina-Valera, hay que conocer a los hombres que la hicieron posible. Y su historia no es un dato académico — es una historia de fe bajo persecución.
Casiodoro de Reina: el hombre que tradujo la Biblia arriesgando su vida
Casiodoro de Reina nació en España alrededor de 1520. Era monje jerónimo en el monasterio de San Isidoro del Campo, en Sevilla. En una época en que tener una Biblia en español podía costarte la vida — la Inquisición española prohibía las traducciones al castellano —, Casiodoro se convenció de algo: el pueblo necesitaba leer la Biblia en su propio idioma.
Huyó de España para salvar su vida. La Inquisición lo declaró hereje, lo quemó en efigie (una figura que lo representaba) y confiscó sus bienes. Durante años vivió como refugiado en distintas ciudades de Europa: Ginebra, Fráncfort, Londres, Amberes.