"Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre."
— Isaías 40:8, RVR1960
El contexto histórico: la España del siglo XVI y la Inquisición
Para entender el sacrificio de Casiodoro y Cipriano, necesitas imaginar la España en la que vivieron. Estamos en el siglo XVI. La Reforma protestante, iniciada por Martín Lutero en 1517 en Alemania, sacude Europa. En muchos países, la Biblia se está traduciendo a los idiomas del pueblo: al alemán, al inglés, al francés.
Pero España es diferente. La Inquisición española persigue ferozmente cualquier desviación de la doctrina católica oficial. Poseer libros prohibidos —entre ellos, traducciones de la Biblia al castellano— puede costarte la cárcel, la tortura o la hoguera. Traducir la Biblia al español no es un proyecto académico: es un acto de fe que se paga con la vida.
En este ambiente, dentro del monasterio jerónimo de San Isidoro del Campo, cerca de Santiponce, Sevilla, un grupo de monjes comienza a leer en secreto las ideas de la Reforma. Entre ellos están Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera. Son hermanos de comunidad, compañeros de estudio y, pronto, compañeros de fuga.
Casiodoro de Reina: el traductor que huyó de la hoguera
Sus primeros años y conversión
Casiodoro nació alrededor de 1520, probablemente en algún lugar de Extremadura o Andalucía (los datos exactos son inciertos). Ingresó al monasterio de San Isidoro del Campo, donde recibió una formación humanista sólida. Allí aprendió latín, griego y hebreo, las tres lenguas necesarias para traducir las Escrituras desde sus fuentes originales.
En algún momento de la década de 1550, Casiodoro y otros monjes del monasterio abrazaron las ideas de la Reforma. Leían a Lutero, a Calvino y, sobre todo, leían la Biblia directamente, descubriendo que muchas prácticas de la iglesia de su tiempo no tenían respaldo en las Escrituras.