"No me des pobreza ni riquezas; mantenme del pan necesario; no sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios."
— Proverbios 30:8-9, RVR1960
Agur, el autor de estas palabras, pide algo que contradice la lógica del mundo: lo suficiente. Ni la arrogancia de la abundancia ni la desesperación de la miseria. Este es un equilibrio profundamente bíblico.
Jesús habló mucho del dinero — y casi nunca como esperamos
Jesús habló más del dinero que del cielo o del infierno. Pero su enseñanza siempre apuntaba a lo mismo: el dinero es un instrumento, no un amo.
"Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas."
— Mateo 6:24, RVR1960
Esto no significa que tener dinero sea malo. Significa que cuando el dinero (o la falta de él) controla tus decisiones, tus emociones y tu identidad, se ha convertido en un ídolo — ya sea el ídolo de la abundancia o el ídolo del miedo.
¿Qué dice la Biblia a quien está ahogado en deudas?
Si estás leyendo esto con deudas encima, necesitas saber algo: la Biblia no te condena por tener deudas. Lo que sí enseña son principios claros:
1. Paga lo que debes — es un compromiso moral
"El impío toma prestado, y no paga; mas el justo tiene misericordia, y da."
— Salmos 37:21, RVR1960
Este versículo no dice "el que tiene deudas es impío". Dice que el impío es quien toma prestado sin intención de pagar. La diferencia es enorme. Si estás buscando cómo pagar, si te preocupa cumplir, si estás haciendo lo posible, eso habla de tu corazón. La dificultad no es lo mismo que la negligencia.