"Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará."
— Deuteronomio 31:6, RVR1960
Moisés dijo estas palabras al pueblo de Israel antes de un momento de enorme incertidumbre: cruzar el Jordán hacia una tierra desconocida sin él. Era un momento de transición y miedo. Una cirugía también lo es. Y la promesa es la misma: Él va contigo. No te deja. No te desampara.
"Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento."
— Salmos 23:4, RVR1960
Este versículo no habla necesariamente de muerte literal. Habla de esos momentos en los que sientes la sombra, la oscuridad, la amenaza. Una sala de operaciones puede sentirse exactamente así. Y la promesa es que incluso ahí, en lo más oscuro e incierto, Dios está presente y su presencia infunde aliento.
Versículos para quien acompaña: cuando un ser querido va a ser operado
Si no eres tú quien entra al quirófano sino alguien que amas —tu mamá, tu esposo, tu hijo, un amigo— la espera puede ser agónica. Estos versículos son para ti, para sostener tu fe mientras esperas noticias:
"Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo."
— Salmos 55:22, RVR1960
La carga de la preocupación por otro es pesada. Este versículo te invita a no cargarla solo. "Echa" es un verbo activo: no es esperar que Dios la tome, es tú entregársela conscientemente.
"Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu."
— Salmos 34:17-18, RVR1960
Si estás en una sala de espera con el corazón roto de preocupación, Dios está cerca de ti. No lejos. No distraído. Cerca.