"Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron."
— Romanos 5:12, RVR1960
La muerte, entonces, no es un castigo arbitrario. Es la consecuencia natural de separarse de la fuente de la vida. Como una rama que se corta del árbol: no muere porque alguien la maldiga, sino porque dejó de estar conectada a lo que la mantenía viva.
Muerte física y muerte espiritual
La Biblia habla de la muerte en más de un sentido. Existe la muerte física —la separación del alma y el cuerpo— y la muerte espiritual —la separación del ser humano y Dios. Pablo lo resume cuando le escribe a los efesios:
"Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados."
— Efesios 2:1, RVR1960
Estaban físicamente vivos, pero espiritualmente muertos. Esto es clave para entender la enseñanza bíblica completa: cuando la Biblia habla de "muerte", a veces se refiere al cuerpo, a veces al alma, y a veces a ambas cosas.
¿Le teme el creyente a la muerte?
Esta es una de las preguntas que más personas se hacen en silencio. Y la respuesta bíblica es extraordinariamente honesta: el temor a la muerte es real, pero no tiene por qué dominarnos.
David frente a la muerte
"Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento."
— Salmos 23:4, RVR1960
David no dice "no pasaré por el valle". Dice que pasará, pero sin temor, porque Dios camina con él. El salmo no niega la realidad de la muerte; la enfrenta con compañía divina.