"Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero."
— 1 Juan 4:19, RVR1960
Antes de esforzarte por amar mejor a tu familia, a tu prójimo o a tu enemigo, detente y recibe. Medita en que fuiste amado sin condición, sin merecerlo, sin pedirlo. De esa fuente brota todo lo demás.
2. Elige amar cuando no sientas ganas
Porque el ágape es una decisión, puedes ejercerlo incluso en los días en que emocionalmente estás vacío. Puedes elegir no responder con ira. Puedes elegir perdonar cuando todo en ti grita que no. No significa que sea fácil; significa que es posible porque no depende solo de ti.
3. Ama sin llevar la cuenta
"No busca lo suyo" y "no guarda rencor" son dos características del ágape que chocan directamente con nuestra cultura. Llevar la cuenta de lo que hemos dado — en una relación, en una amistad, en la iglesia — es lo opuesto al ágape. Practica el amor que entrega sin factura.
4. Extiéndelo a quienes no lo "merecen"
Aquí es donde el ágape se vuelve incómodo y sobrenatural. Amar a quienes te tratan bien es instinto natural. Amar a quienes te han herido, ignorado o traicionado es ágape. Empieza con algo pequeño: ora sinceramente por esa persona. No por obligación religiosa, sino pidiéndole a Dios que te dé Su corazón hacia ella.
Preguntas frecuentes sobre el amor ágape
¿El amor ágape aparece en el Antiguo Testamento?
La palabra griega "ágape" es propia del Nuevo Testamento, pero el concepto está presente en todo el Antiguo Testamento. La palabra hebrea jésed (a veces traducida como "misericordia" o "amor inagotable") describe un amor leal e incondicional que Dios muestra a su pueblo una y otra vez, incluso cuando Israel le es infiel. Es el mismo corazón de Dios, expresado en otro idioma.