- Incondicional: no depende de las cualidades del amado.
- Deliberado: es una decisión de la voluntad, no un impulso emocional.
- Sacrificial: está dispuesto a dar, a perder, a sufrir por el bien del otro.
- Universal: no se limita a quienes nos caen bien o nos tratan bien.
Esto explica por qué Jesús pudo dar un mandamiento que, con cualquier otro tipo de amor, sería absurdo:
"Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen."
— Mateo 5:44, RVR1960
Nadie puede sentir eros o filia por un enemigo. Pero el ágape no pide que sientas atracción ni afinidad: te pide que elijas buscar el bien del otro, incluso del que te hace daño. Es un acto de voluntad respaldado por la gracia de Dios.
¿Dónde más aparece el ágape en la Biblia?
El "himno al amor" de Pablo
El pasaje más conocido sobre el ágape es 1 Corintios 13, donde Pablo describe sus características con una precisión que sigue siendo imposible de superar:
"El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta."
— 1 Corintios 13:4-7, RVR1960
Cada vez que lees "amor" en estos versículos, la palabra original es ágape. Pablo no está hablando de mariposas en el estómago. Está describiendo un carácter, una forma de vivir, una decisión que se renueva cada día.
El ágape como marca del cristiano
"En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros."
— Juan 13:35, RVR1960
Jesús no dijo "os conocerán por vuestros milagros" ni "por vuestra doctrina". Dijo que la señal visible de un discípulo suyo es el ágape entre hermanos. Es la evidencia de que algo sobrenatural ha ocurrido en una persona.