2. Leemos el Nuevo Testamento de forma selectiva también
Del mismo modo, tendemos a recordar del Nuevo Testamento solo las parábolas del hijo pródigo, del buen samaritano y el "ama a tu prójimo". Pero el Nuevo Testamento también contiene pasajes de juicio severo:
"Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda satisfacción expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios."
— Hebreos 10:26-27, RVR1960
Jesús mismo habló del infierno más que cualquier otro personaje bíblico. Fue él quien dijo:
"Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno."
— Mateo 10:28, RVR1960
Y fue Jesús quien entró al templo, hizo un azote de cuerdas y volcó las mesas de los cambistas (Juan 2:15). El Jesús manso y humilde también fue el Jesús que confrontó la injusticia con fuerza.
El Nuevo Testamento no es solo ternura, igual que el Antiguo Testamento no es solo ira.
3. Lo que cambia es la etapa del plan, no el carácter de Dios
La Biblia cuenta una historia larga. En el Antiguo Testamento, Dios está formando una nación —Israel— en un mundo brutal, politeísta y violento. Muchas de las leyes y los juicios que leemos tienen que ver con establecer un pueblo separado para que, a través de él, viniera el Mesías.