"Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia."
— Jeremías 31:3, RVR1960
"Jehová es clemente y misericordioso, lento para la ira, y grande en misericordia."
— Salmos 145:8, RVR1960
"Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen."
— Salmos 103:13, RVR1960
Esas palabras no suenan a un Dios furioso e implacable. Suenan exactamente como el Dios que Jesús reveló. Porque es el mismo Dios.
2. Leemos el Nuevo Testamento de forma selectiva también
Del mismo modo, tendemos a recordar del Nuevo Testamento solo las parábolas del hijo pródigo, del buen samaritano y el "ama a tu prójimo". Pero el Nuevo Testamento también contiene pasajes de juicio severo:
"Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda satisfacción expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios."
— Hebreos 10:26-27, RVR1960
Jesús mismo habló del infierno más que cualquier otro personaje bíblico. Fue él quien dijo:
"Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno."
— Mateo 10:28, RVR1960
Y fue Jesús quien entró al templo, hizo un azote de cuerdas y volcó las mesas de los cambistas (Juan 2:15). El Jesús manso y humilde también fue el Jesús que confrontó la injusticia con fuerza.
El Nuevo Testamento no es solo ternura, igual que el Antiguo Testamento no es solo ira.