2. Tienes acceso directo a Dios
No necesitas un intermediario humano. Puedes orar, hablar con Dios, leer su Palabra y escuchar su voz a través del Espíritu Santo. Esto era impensable bajo el Antiguo Pacto, donde solo el sumo sacerdote podía entrar a la presencia de Dios una vez al año, y con sangre.
"Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro."
— Hebreos 4:16, RVR1960
Fíjate en la palabra "confiadamente". No con temor servil, sino con la confianza de quien sabe que es bienvenido.
3. El Espíritu Santo vive en ti
Esta es quizás la diferencia más radical. Bajo el Antiguo Pacto, el Espíritu de Dios venía sobre ciertas personas en momentos específicos. Bajo el Nuevo Pacto, el Espíritu habita permanentemente en cada creyente.
"¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?"
— 1 Corintios 6:19, RVR1960
Tú no necesitas ir al templo a encontrar a Dios. Dios vive en ti. Eso cambia todo: cómo enfrentas el lunes por la mañana, cómo tratas a tu familia, cómo respondes al sufrimiento. No estás solo en ello.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos pactos hay en la Biblia?
Los teólogos suelen identificar entre cinco y siete pactos principales: con Noé, con Abraham, con Moisés (el Sinaí), con David, y el Nuevo Pacto en Cristo. Algunos añaden el pacto con Adán y el pacto con Finees. Todos forman una historia continua del compromiso de Dios con la humanidad.