"De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan."
— Salmos 24:1, RVR1960
Si todo es de Dios, entonces ni el diezmo ni la ofrenda son "nuestro dinero que le damos a Dios". Son la administración fiel de lo que Él ya nos confió. El diezmo reconoce esa verdad con un acto sistemático; la ofrenda la celebra con un acto libre.
Preguntas frecuentes
¿El diezmo sigue siendo obligatorio para los cristianos hoy?
Este es uno de los debates más frecuentes en la teología cristiana. El diezmo como mandamiento formal pertenece al pacto mosaico con Israel. Sin embargo, el principio aparece antes de la ley (Abraham en Génesis 14:20) y Jesús no lo anuló (Mateo 23:23). Muchos creyentes lo practican como un principio de mayordomía, no como una ley ceremonial. Lo que la Biblia sí deja claro es que la generosidad no es opcional: "Cada uno dé como propuso en su corazón" (2 Corintios 9:7).
¿Puedo dar una ofrenda en lugar del diezmo?
Bíblicamente, el diezmo y la ofrenda cumplen funciones distintas: uno no sustituye al otro. El diezmo es la décima parte que la Escritura dice que pertenece a Dios (Levítico 27:30). La ofrenda es lo que se da voluntariamente por encima de esa base. En Malaquías 3:8, Dios menciona ambos como categorías separadas. Dar generosamente es siempre bueno, pero llamar "ofrenda" a lo que la Biblia llama "diezmo" no cambia lo que la Escritura enseña.
¿El diezmo debe ser siempre dinero?
En el Antiguo Testamento, el diezmo era principalmente agrícola y ganadero: grano, fruto, animales (Levítico 27:30-32). En una economía donde el sustento venía de la tierra, eso equivalía a los ingresos. En el contexto actual, la mayoría de las congregaciones lo aplican sobre los ingresos económicos, siguiendo el mismo principio: apartar la décima parte de aquello con lo que Dios te sustenta.