"Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores."
— 1 Timoteo 6:10, RVR1960
Nota algo crucial: no dice que el dinero sea la raíz de todos los males. Dice que el amor al dinero lo es. La diferencia es enorme. El problema nunca fue el recurso en sí, sino la devoción que se le entrega.
"No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón."
— Mateo 6:19-21, RVR1960
Jesús no prohíbe tener cosas. Lo que hace es plantear una pregunta incómoda: ¿dónde está tu corazón? Si tu seguridad, tu identidad y tu paz dependen de lo que tienes en la cuenta bancaria, entonces tu tesoro está en el lugar equivocado.
"No me des pobreza ni riquezas; mantenme del pan necesario; no sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios."
— Proverbios 30:8-9, RVR1960
Esta oración de Agur es quizás el versículo más equilibrado de toda la Biblia sobre este tema. Reconoce que tanto la abundancia extrema como la escasez extrema pueden alejar el corazón de Dios. Es una oración de humildad radical.
"A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos."
— 1 Timoteo 6:17, RVR1960
Fíjate: Pablo no le dice a Timoteo que ordene a los ricos dejar de ser ricos. Le dice que no sean altivos y que no pongan su esperanza en lo que tienen. Y añade algo hermoso: Dios nos da cosas para que las disfrutemos. No hay culpa en esa frase. Hay gratitud.