Si los videojuegos son para ti un momento de descanso legítimo después de cumplir tus responsabilidades, el principio bíblico no los condena. Pero si se han convertido en el lugar donde huyes para no enfrentar tu vida, tus relaciones o tu relación con Dios, entonces ya no son descanso: son evasión.
El principio de lo que alimenta tu mente
"Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad."
— Filipenses 4:8, RVR1960
Este versículo es quizá el más relevante para evaluar el contenido de los videojuegos, no el acto de jugar en sí. Pablo nos invita a ser selectivos con lo que dejamos entrar en nuestra mente.
No todos los videojuegos son iguales. Hay juegos que estimulan la creatividad, la resolución de problemas y la cooperación. Y hay otros cuyo contenido está saturado de violencia extrema, sexualidad explícita o ideologías contrarias a los valores del evangelio. El filtro de Filipenses 4:8 no nos dice "no juegues", pero sí nos pregunta: "¿Esto que estás viendo y absorbiendo durante horas es verdadero, honesto, justo, puro, amable?"
El principio de la adicción y el dominio propio
"Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley."
— Gálatas 5:22-23, RVR1960
La palabra templanza (dominio propio) es clave. Si no puedes dejar de jugar cuando sabes que deberías parar, si te irritas cuando alguien te interrumpe, si sacrificas sueño, relaciones o responsabilidades por una partida más, entonces el fruto del Espíritu no está gobernando esa área de tu vida.
Volvamos a 1 Corintios 6:12: "Yo no me dejaré dominar de ninguna." Pablo reconocía que hasta las cosas lícitas pueden esclavizarnos. Los videojuegos están diseñados para ser adictivos — eso no es una teoría, es el modelo de negocio de la industria. Saber eso te ayuda a jugar con los ojos abiertos.