"Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre."
— 2 Corintios 9:7, RVR1960
Este versículo del apóstol Pablo, escrito a la iglesia de Corinto, no menciona la palabra "diezmo" ni un porcentaje específico. En cambio, habla de dar con alegría, de forma voluntaria y sin presión.
"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello."
— Mateo 23:23, RVR1960
Jesús reconoce que los fariseos diezmaban —y no les dice que dejen de hacerlo—, pero los reprende duramente porque se enfocaban en el detalle del diezmo mientras ignoraban lo que realmente importa: la justicia, la misericordia y la fe.
Contexto y explicación: el diezmo en el Antiguo Testamento
Para entender el diezmo bíblico hay que empezar por lo que significaba en su contexto original. El diezmo no nació como una "cuota de membresía" de una iglesia. Era un sistema económico, social y espiritual que sostenía a toda una nación.
La primera mención: Abraham y Melquisedec
La primera vez que aparece el diezmo en la Biblia es en Génesis 14:20, cuando Abraham, después de una victoria militar, le entrega la décima parte del botín a Melquisedec, sacerdote del Dios Altísimo. Este acto fue voluntario. No había ley todavía. Abraham lo hizo como expresión de gratitud y reconocimiento.
"Y le dio Abram los diezmos de todo."
— Génesis 14:20, RVR1960
El diezmo como ley en Israel
Cuando Dios entregó la ley a Moisés, el diezmo se convirtió en un mandamiento formal. Pero no era un solo diezmo: los estudiosos identifican al menos dos o tres tipos de diezmo en la ley: