En la Ley de Moisés
Cuando Dios formó a Israel como nación, incluyó leyes específicas para proteger al vulnerable. No eran sugerencias opcionales; eran parte del pacto:
- La espiga y el rebusco (Levítico 19:9-10): Los agricultores no debían cosechar hasta el último rincón de sus campos ni recoger lo que caía. Eso era para el pobre y el extranjero. Era un sistema de protección social diseñado por Dios mismo.
- El año de jubileo (Levítico 25): Cada cincuenta años, las tierras volvían a sus dueños originales y los esclavos eran liberados. Dios no quería que la riqueza se acumulara indefinidamente en pocas manos.
- El salario justo (Deuteronomio 24:14-15): Se prohibía retener el salario del jornalero, especialmente si era pobre. Dios dice literalmente que ese trabajador clama a Él.
"No oprimirás al jornalero pobre y menesteroso, ya sea de tus hermanos o de los extranjeros que habitan en tu tierra dentro de tus ciudades. En su día le darás su jornal, y no se pondrá el sol sin dárselo; pues es pobre, y con él satisface su necesidad; para que no clame contra ti a Jehová, y sea en ti pecado."
— Deuteronomio 24:14-15, RVR1960
En los profetas
Los profetas de Israel no hablaban solo del futuro. Su mensaje principal era un llamado urgente al presente: Israel estaba oprimiendo a los pobres mientras pretendía adorar a Dios, y eso era intolerable.
Amós, un pastor de ovejas sin formación sacerdotal, fue quizás el más directo:
"Oíd esto, los que explotáis a los menesterosos, y arruináis a los pobres de la tierra."
— Amós 8:4, RVR1960
"Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo."
— Amós 5:24, RVR1960
Miqueas lo resumió en una de las frases más poderosas de toda la Escritura:
"Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios."
— Miqueas 6:8, RVR1960
Lo que los profetas denunciaban no era solo la pobreza en sí, sino el sistema que la producía: jueces corruptos, balanzas falsas, ricos que acaparaban tierras, líderes religiosos que miraban para otro lado. Dios les decía, con claridad brutal, que sus cultos y sacrificios eran repugnantes mientras permitieran la injusticia.