"Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos."
— 1 Reyes 18:36-37, RVR1960
La respuesta fue inmediata y absoluta:
"Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja."
— 1 Reyes 18:38, RVR1960
El pueblo cayó sobre sus rostros y exclamó: "¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!" (1 Reyes 18:39). Después de tres años y medio, Elías oró y la lluvia volvió.
La huida y la depresión: Elías bajo el enebro
Aquí la historia da un giro que a muchos les sorprende. Después de la victoria más espectacular imaginable, Jezabel envió un mensaje a Elías amenazándolo de muerte. Y el hombre que acababa de enfrentar a 450 profetas falsos sin pestañear... huyó aterrorizado.
Caminó un día entero por el desierto, se sentó bajo un arbusto de enebro y dijo algo que revela un dolor profundo:
"Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres."
— 1 Reyes 19:4, RVR1960
Elías estaba agotado física, emocional y espiritualmente. Sentía que había fracasado, que todo su esfuerzo no había servido para nada, que estaba completamente solo.