"Y el ángel de Jehová apareció a la mujer, y le dijo: He aquí que tú eres estéril, y nunca has dado a luz; pero concebirás, y darás a luz un hijo."
— Jueces 13:3, RVR1960
El ángel añadió instrucciones específicas: el niño sería nazareo desde el vientre de su madre. Esto significaba un voto especial de consagración a Dios que incluía tres restricciones concretas: no beber vino ni sidra, no tocar nada inmundo (cadáveres), y no cortar jamás su cabello.
*"Pues he aquí que concebirás, y darás a luz un hijo; y navaja no pasará sobre su cabeza, porque el niño será satisfecho de Dios. *
— Jueces 13:5, RVR1960
Desde antes de nacer, Sansón tenía una misión: comenzar a librar a Israel de los filisteos. No terminar la liberación, sino comenzarla. Esa distinción es importante: Dios no le pidió que lo hiciera todo, sino que fuera fiel a su parte.
Su padre, Manoa, pidió más instrucciones al ángel, y este confirmó el mensaje. Cuando Manoa ofreció un sacrificio, el ángel ascendió en la llama del altar —una señal sobrenatural que dejó claro que este no era un mensajero cualquiera.
"Y el ángel de Jehová no volvió a aparecer a Manoa ni a su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová."
— Jueces 13:21, RVR1960
El niño nació, lo llamaron Sansón, y creció bendecido:
"Y la mujer dio a luz un hijo, y le puso por nombre Sansón. Y el niño creció, y Jehová lo bendijo."
— Jueces 13:24, RVR1960
Un hombre de fuerza sobrenatural y debilidades profundas
Jueces 14–15 nos muestra a un Sansón adulto que es, francamente, una figura contradictoria. Tiene una fuerza física que solo puede explicarse por el Espíritu de Dios, pero toma decisiones personales que van rompiendo, una a una, las condiciones de su consagración.