Cinco piedras y una honda
David bajó al arroyo, escogió cinco piedras lisas, las metió en su bolsa de pastor, tomó su honda y caminó hacia el gigante.
"Entonces tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo."
— 1 Samuel 17:40, RVR1960
Goliat se burló de él:
"¿Soy yo perro, para que vengas a mí con palos? Y maldijo a David por sus dioses."
— 1 Samuel 17:43, RVR1960
La declaración de fe más poderosa del Antiguo Testamento
Lo que David dijo a continuación no fue un grito de guerra. Fue una declaración teológica pronunciada a todo pulmón en medio de un campo de batalla, y merece que la leas despacio:
"Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado."
— 1 Samuel 17:45, RVR1960
"Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel."
— 1 Samuel 17:46, RVR1960
"Y sabrá toda esta satisfacción que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos."
— 1 Samuel 17:47, RVR1960
"De Jehová es la batalla." Esa es la frase central de toda esta historia. No fue la puntería de David. No fue la piedra. No fue la suerte. Fue Dios.
El golpe final
Lo que sigue fue rápido: