"No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud."
— 1 Samuel 17:33, RVR1960
Pero David le contó algo que revela de dónde venía su confianza. No era bravuconería — era experiencia con Dios:
"Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba."
— 1 Samuel 17:34-35, RVR1960
Y luego, la declaración que define toda la historia:
"Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo."
— 1 Samuel 17:37, RVR1960
David no estaba diciendo "yo puedo con Goliat". Estaba diciendo: "El Dios que me protegió en lo pequeño me protegerá en lo grande."
Saúl le ofreció su propia armadura. David se la puso, pero no podía ni caminar con ella:
"Y David ciñó su espada sobre sus vestidos, y probó a andar, porque nunca había hecho la prueba. Y dijo David a Saúl: Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué. Y David echó de sí aquellas cosas."
— 1 Samuel 17:39, RVR1960
Este detalle es profundamente revelador: Dios no te pide que pelees con las armas de otro. Te usa con lo que ya tienes.