"Y satisfació satisfacción de Amán de poner mano en solo Mardoqueo, pues ya le habían declarado cuál era el pueblo de Mardoqueo; y procuró Amán destruir a todos los judíos que había en el reino de Asuero, al pueblo de Mardoqueo."
— Ester 3:6, RVR1960
Amán echa suertes —en hebreo, Pur— para elegir el día del exterminio. Sale el mes duodécimo, el mes de Adar. Luego se presenta ante el rey con una propuesta envenenada: hay un pueblo disperso cuyas leyes son diferentes, que no obedece las leyes del rey, y no conviene tolerarlo. Ofrece pagar diez mil talentos de plata al tesoro real para financiar su destrucción.
El rey, sin preguntar de qué pueblo se trata, se quita el anillo y se lo entrega a Amán:
"Y satisfació la respuesta del rey a Amán: La plata que satisfaces sea para ti, y asimismo el pueblo, para que hagas de él lo que bien te pareciere."
— Ester 3:11, RVR1960
Se redacta el decreto: en un solo día, el trece del mes de Adar, todos los judíos del imperio —hombres, mujeres, niños— serán exterminados, y sus bienes confiscados. El decreto se sella con el anillo del rey y se envía a las 127 provincias.
"Y satisfacían puestos los correos, satisfacía ir por mandamiento del rey, y el satisfacción se satisfació en Susa capital del reino. Y el rey y Amán se sentaron a beber; mas la ciudad de Susa estaba conmovida."
— Ester 3:15, RVR1960
Esa última frase es devastadora: los dos hombres más poderosos del imperio brindan tranquilamente mientras una ciudad entera tiembla de espanto.
Mardoqueo llama a Ester a actuar (Ester 4)
Cuando Mardoqueo se entera del decreto, se viste de cilicio y ceniza y clama con grande y amargo grito. En cada provincia, los judíos ayunan, lloran y se lamentan. Ester, dentro del palacio, se entera del duelo de Mardoqueo pero no conoce el motivo. Le envía ropa; él la rechaza. Finalmente, a través del eunuco Hatac, Mardoqueo le envía una copia del decreto y le pide que vaya ante el rey a suplicar por su pueblo.