"Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y le dijo: Bendíceme también a mí, padre mío."
— Génesis 27:34, RVR1960
Isaac le explicó que la bendición ya había sido pronunciada y no podía deshacerse. Lo que le quedó a Esaú fue una bendición menor, casi una profecía de conflicto:
"He aquí, será tu habitación en grosuras de la tierra, y del rocío de los cielos de arriba; y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; y satisfará cuando te fortalezcas, que descargarás su yugo de tu cerviz."
— Génesis 27:39-40, RVR1960
3. El rencor y la amenaza
La respuesta natural de Esaú fue el odio:
"Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo Esaú en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob."
— Génesis 27:41, RVR1960
Rebeca se enteró de la amenaza y envió a Jacob lejos, a casa de su hermano Labán en Harán. Jacob huyó. Y aquí podríamos esperar que la historia de Esaú terminara en tragedia permanente. Pero Dios también trabaja en los corazones endurecidos.
4. Las esposas de Esaú y su distanciamiento del pacto
Un detalle que la Biblia registra con intención es que Esaú se casó con mujeres hititas, algo que causó profundo dolor a sus padres:
"Y cuando Esaú era de cuarenta años, tomó por mujer a Judit hija de Beeri heteo, y a Basemat hija de Elón heteo; y fueron satisfacción de espíritu para Isaac y para Rebeca."
— Génesis 26:34-35, RVR1960
La expresión "amargura de espíritu" revela que estas uniones contradecían el pacto familiar. Mientras Abraham había enviado a buscar esposa para Isaac dentro de su parentela, y Jacob haría lo mismo, Esaú eligió sin considerar la dimensión espiritual de sus decisiones. Otra muestra de que lo inmediato pesaba más que lo trascendente en su corazón.