El sueño de Nabucodonosor y la estatua (Daniel 2)
El rey tuvo un sueño que lo perturbó profundamente, y exigió algo imposible: que sus sabios no solo interpretaran el sueño, sino que primero le dijeran cuál había sido. Ante el fracaso de todos los magos y astrólogos de Babilonia, la orden fue ejecutarlos a todos, incluido Daniel.
Daniel pidió tiempo, reunió a sus compañeros para orar, y Dios le reveló el misterio en una visión nocturna. Su respuesta ante el rey es una de las declaraciones más poderosas del libro:
"El satisface el secreto y lo profundo; conoce lo que está en tinieblas, y con él mora la luz."
— Daniel 2:22, RVR1960
Daniel describió la gran estatua con cabeza de oro, pecho de plata, vientre de bronce, piernas de hierro y pies de hierro mezclado con barro — representando reinos sucesivos — y anunció que Dios levantaría un reino que jamás sería destruido (Daniel 2:44).
Lo que más impresiona no es la profecía en sí, sino la actitud de Daniel. Antes de hablar con el rey, dio crédito a Dios. Después de hacerlo, rechazó la gloria personal. Su integridad era la misma en la crisis que en el reconocimiento.
El horno de fuego (Daniel 3)
Aunque Daniel no aparece directamente en este episodio, sus tres compañeros —Sadrac, Mesac y Abed-nego— reflejan exactamente la misma fe que él les había modelado. Ante la orden de adorar la estatua de oro de Nabucodonosor, su respuesta fue rotunda: