1. Valora lo que tienes en las manos. Dos hombres lo perdieron todo — patria, seguridad, reputación — para que tú pudieras leer la Biblia en tu idioma. Cada vez que abres tu RVR1960, estás sosteniendo el fruto de un sacrificio de décadas.
2. La Palabra de Dios siempre encuentra un camino. Ni la Inquisición, ni el exilio, ni la persecución pudieron detener esta traducción. Si Dios se aseguró de que su Palabra llegara a tus manos a pesar de todo eso, puedes confiar en que esa misma Palabra tiene poder para hablar a tu vida hoy.
"Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón."
— Hebreos 4:12, RVR1960
3. La fidelidad importa. Valera pasó veinte años revisando. No buscaba fama; buscaba exactitud. Esa misma actitud de respeto por el texto original es la que debemos tener cuando leemos: no imponer nuestras ideas al texto, sino dejar que el texto nos hable.
4. Ningún esfuerzo fiel es pequeño. Casiodoro tradujo, Valera revisó, otros eruditos continuaron el trabajo siglos después. Tú, al leer, estudiar y compartir la Palabra, eres parte de esa cadena que no se ha roto en más de 450 años.
Preguntas frecuentes
¿Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera se conocían personalmente?
Sí. Ambos fueron monjes en el mismo monasterio — el de San Isidoro del Campo, en Sevilla — y ambos huyeron de España por motivos de fe. Sin embargo, no trabajaron juntos en la traducción: Casiodoro la completó solo, y Valera la revisó décadas después, cuando Casiodoro ya había fallecido.