Quizá abriste la Biblia por primera vez y sentiste que estabas leyendo dos libros completamente distintos. En el primero hay sacrificios de animales, leyes sobre alimentos y guerras; en el segundo, un maestro que habla de amor, gracia y un reino que no es de este mundo. Y te preguntaste: ¿qué cambió entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, y por qué?
La respuesta corta es que el Antiguo Testamento registra el pacto que Dios hizo con Israel a través de la Ley, mientras que el Nuevo Testamento revela un nuevo pacto hecho con toda la humanidad a través de Jesucristo. No se trata de que Dios haya cambiado de opinión: se trata de un plan que siempre tuvo un destino, y ese destino es la gracia. En este artículo vas a entender qué contiene cada parte, en qué se diferencian teológicamente y por qué importa que lo sepas para leer la Biblia con claridad.






