"Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria."
— Isaías 6:2–3, RVR1960
Seis alas. Cubren su propio rostro ante la santidad de Dios (ni siquiera ellos pueden mirarlo directamente). Su función principal es la adoración continua. Esto nos dice algo profundo: la adoración no es algo que Dios necesita por inseguridad; es la respuesta natural de cualquier ser que contempla quién es Él realmente.
La palabra "serafín" viene del hebreo saraf, que significa "ardiente". Son seres que arden en la presencia de Dios.
4. El ángel de Jehová: una figura única y misteriosa
A lo largo del Antiguo Testamento aparece una figura singular llamada "el ángel de Jehová" (o "el ángel del Señor"). A diferencia de otros ángeles, este habla como si fuera Dios mismo:
"Y le dijo el ángel de Jehová: He aquí que tú estás encinta, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción."
— Génesis 16:11, RVR1960
Lo llamativo es lo que viene después, cuando Agar identifica a quien le habló:
"Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres Dios que ve."
— Génesis 16:13, RVR1960
Agar no dice "vi un ángel". Dice que habló con Dios. Muchos estudiosos de la Biblia ven en el ángel de Jehová una manifestación directa de Dios en el Antiguo Testamento, lo que se conoce como una teofanía. No es un ángel común: es Dios haciéndose presente de una manera que el ser humano pueda soportar.