Piensa en la imagen que tienes de un ángel. Probablemente sea un ser de aspecto humano, con grandes alas blancas, cabello dorado y un rostro dulce y sereno. Esa imagen está en cuadros, películas, estampas y decoraciones navideñas. Pero cuando abres la Biblia, lo que encuentras es algo profundamente diferente — y mucho más asombroso.
La Biblia describe a los ángeles como seres espirituales creados por Dios para servirle, adorarle y cumplir sus propósitos. No son almas de personas fallecidas, no son deidades menores y no son figuras decorativas. Son mensajeros y servidores del Dios vivo, y sus apariciones en las Escrituras casi siempre provocan la misma reacción: temor.






