"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia."
— 2 Timoteo 3:16, RVR1960
La palabra "inspirada" viene del griego theopneustos, que literalmente significa "soplada por Dios". No dice que los escritores bíblicos tuvieron buenas ideas; dice que Dios mismo sopló su mensaje a través de ellos. Es una declaración radical.
"Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo."
— 2 Pedro 1:21, RVR1960
Pedro aclara algo fundamental: los profetas y escritores bíblicos no escribieron lo que se les ocurrió. Fueron movidos —como una vela empujada por el viento— por el Espíritu Santo. Dios usó sus personalidades, su idioma, su contexto, pero el mensaje era de Él.
"Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre."
— Isaías 40:8, RVR1960
Todo lo humano se deteriora. Los imperios caen, las filosofías cambian, las modas pasan. Pero la Palabra de Dios, según esta promesa, permanece. Y después de miles de años, la Biblia sigue siendo el libro más leído, traducido y distribuido de la historia. Eso, como mínimo, merece nuestra atención.
Contexto y explicación: ¿por qué estas afirmaciones importan?
Alguien podría decir: "Claro, la Biblia dice que es confiable, pero cualquier libro podría decir eso de sí mismo." Es una objeción justa. Pero hay una diferencia clave: la Biblia no es un solo libro. Son 66 libros, escritos por unos 40 autores diferentes, en un período de aproximadamente 1.500 años, en tres idiomas distintos (hebreo, arameo y griego), desde tres continentes diferentes (Asia, África y Europa). Pastores, reyes, pescadores, médicos, recaudadores de impuestos, generales militares.