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Historia de la pasión de Cristo: los últimos días de Jesús según la Biblia

Camino de piedra antiguo iluminado por la luz del amanecer, evocando los últimos pasos de un viaje trascendental

Hay momentos en la vida en los que necesitamos volver a lo esencial: entender qué hizo Jesús por nosotros, no como dato teológico, sino como historia que nos toca el corazón. Quizás has escuchado fragmentos en iglesias, películas o conversaciones, pero nunca has recorrido el relato completo de sus últimos días con la Biblia abierta.

La pasión de Cristo —desde su entrada triunfal a Jerusalén hasta la mañana de la resurrección— es el corazón de la fe cristiana. Todo lo que Jesús enseñó, cada milagro, cada parábola, apuntaba hacia esos días finales. En este artículo vamos a caminar juntos por cada momento, versículo a versículo, usando exclusivamente la Reina-Valera 1960. No se trata de una lección académica; se trata de entender, con honestidad, lo que sucedió y por qué sigue importando hoy.

Contexto histórico: Jerusalén en la última Pascua

Para comprender lo que vivió Jesús en sus últimos días, necesitamos situarnos en la Jerusalén del siglo I. La ciudad estaba bajo dominio romano. Poncio Pilato era el gobernador de Judea. Los líderes religiosos judíos —sacerdotes, fariseos y saduceos— mantenían una autoridad limitada sobre asuntos del templo y la ley mosaica, pero dependían de Roma para ejecutar sentencias de muerte.

Cada año, cientos de miles de judíos peregrinaban a Jerusalén para celebrar la Pascua, la fiesta que conmemoraba la liberación de Israel de la esclavitud en Egipto. Las tensiones políticas y espirituales estaban al máximo. El pueblo esperaba un Mesías que los liberara, pero muchos imaginaban un líder militar, no un siervo sufriente.

Jesús llegó a las puertas de esa ciudad sabiendo exactamente lo que le esperaba. Él mismo lo había anunciado a sus discípulos:

"He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará."Mateo 20:18-19, RVR1960

No fue un accidente. No fue una derrota inesperada. Jesús caminó hacia su pasión con plena conciencia, motivado por un amor que la mayoría de sus propios discípulos tardarían en comprender.

Los hechos clave: paso a paso por los últimos días de Jesús

La entrada triunfal a Jerusalén

Todo comenzó con una escena que parecía una coronación. Jesús entró a Jerusalén montado sobre un pollino, cumpliendo la profecía de Zacarías 9:9. La multitud lo recibió con ramas de palma y gritos de alegría:

"¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!"Mateo 21:9, RVR1960

La palabra "Hosanna" significa literalmente "sálvanos". El pueblo clamaba por salvación, pero la mayoría pensaba en una salvación política. Jesús venía a ofrecer algo mucho más profundo.

En ese mismo día, Jesús entró al templo y vio lo que habían hecho con la casa de su Padre:

"Y Jesús entró en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones."Mateo 21:12-13, RVR1960

Este acto no fue un arrebato de ira descontrolada. Fue una declaración: el templo se había corrompido, y el sistema religioso que debía acercar al pueblo a Dios se había convertido en un negocio. Con esa acción, Jesús se ganó enemigos mortales entre los líderes religiosos.

Los últimos días de enseñanza

Durante los días siguientes, Jesús enseñó públicamente en el templo. Confrontó a fariseos y saduceos con parábolas que los señalaban directamente. Habló del juicio venidero, de la destrucción del templo, y del fin de los tiempos (Mateo 24–25). También pronunció algunas de sus enseñanzas más conocidas, como la parábola de las diez vírgenes y la del juicio de las naciones.

Mientras tanto, los principales sacerdotes y los escribas buscaban activamente cómo matarlo, pero temían al pueblo:

"Y buscaban los principales sacerdotes y los escribas cómo matarle; porque temían al pueblo."Lucas 22:2, RVR1960

Necesitaban una oportunidad discreta. Y esa oportunidad llegó desde dentro del círculo de Jesús.

La traición de Judas

Judas Iscariote, uno de los doce discípulos, fue a los principales sacerdotes y ofreció entregar a Jesús:

"¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle."Mateo 26:15-16, RVR1960

Treinta piezas de plata: el precio que la ley mosaica establecía como compensación por un esclavo herido (Éxodo 21:32). El detalle no es menor. El Hijo de Dios fue tasado al precio de un esclavo.

La última cena

La noche antes de su muerte, Jesús reunió a sus discípulos para celebrar la cena de Pascua. Fue una noche cargada de significado. Jesús sabía que era su última comida con ellos, y cada gesto fue deliberado.

Primero, lavó los pies de sus discípulos, un acto reservado para los siervos más humildes:

"Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis."Juan 13:14-15, RVR1960

Después, durante la cena, instituyó lo que hoy conocemos como la Santa Cena o comunión:

"Y tomando el pan, dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama."Lucas 22:19-20, RVR1960

El pan representaba su cuerpo que sería quebrantado. La copa representaba su sangre que sellaría un nuevo pacto. Jesús estaba transformando la Pascua judía —una fiesta de liberación— en algo nuevo: la promesa de una liberación definitiva del pecado y la muerte.

En esa misma cena, Jesús anunció que uno de ellos lo traicionaría y que Pedro lo negaría tres veces antes del amanecer:

"De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces."Mateo 26:34, RVR1960

Pedro juró que nunca lo haría. Pero Jesús conocía el corazón humano mejor que nadie.

Getsemaní: la agonía en el huerto

Después de la cena, Jesús llevó a Pedro, Santiago y Juan al huerto de Getsemaní, en el monte de los Olivos. Lo que ocurrió allí es quizás el momento más humanamente conmovedor de toda la Biblia.

Jesús se apartó de ellos, cayó rostro en tierra y oró:

"Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú."Mateo 26:39, RVR1960

Lucas, el médico, registra un detalle fisiológico que habla de la intensidad de su angustia:

"Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra."Lucas 22:44, RVR1960

Jesús no quería morir. No anhelaba el sufrimiento. Pero eligió someterse a la voluntad del Padre. Ese "pero no sea como yo quiero, sino como tú" es el centro de todo. La obediencia no nace de la ausencia de miedo, sino de un amor más grande que el miedo.

Mientras Jesús agonizaba en oración, sus discípulos más cercanos se quedaron dormidos. Tres veces los encontró dormidos:

"¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil."Mateo 26:40-41, RVR1960

El arresto

Judas llegó con una multitud armada con espadas y palos, enviada por los principales sacerdotes. La señal pactada fue un beso:

"Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó. Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes?"Mateo 26:49-50, RVR1960

Jesús lo llamó "amigo". Incluso en el momento de la traición más profunda, no respondió con odio. Pedro sacó una espada y cortó la oreja de un siervo del sumo sacerdote, pero Jesús lo detuvo:

"Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?"Mateo 26:52-53, RVR1960

Jesús tenía el poder de evitar su arresto. Eligió no usarlo. Y en ese momento, todos los discípulos huyeron.

Los juicios: religioso y político

Jesús fue sometido a una serie de juicios irregulares durante la noche y la madrugada. Primero ante Anás, luego ante Caifás (el sumo sacerdote) y el Sanedrín. Lo acusaron de blasfemia por afirmar ser el Hijo de Dios:

"Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos?"Mateo 26:64-65, RVR1960

Mientras esto sucedía en el interior, en el patio exterior, Pedro negó tres veces conocer a Jesús. Y cuando el gallo cantó, Pedro recordó las palabras de su Maestro:

"Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente."Mateo 26:75, RVR1960

Como el Sanedrín no podía ejecutar la pena de muerte, llevaron a Jesús ante Poncio Pilato. Pilato no encontró culpa en él:

"Yo no hallo ningún delito en este hombre."Lucas 23:4, RVR1960

Lo envió a Herodes, que tampoco lo condenó. Pilato intentó liberarlo ofreciendo al pueblo elegir entre Jesús y Barrabás, un criminal. Pero la multitud, incitada por los sacerdotes, pidió la crucifixión:

"Y ellos volvieron a dar voces: ¡Crucifícale!"Marcos 15:14, RVR1960

Pilato, queriendo complacer a la multitud, entregó a Jesús para ser crucificado.

La flagelación y el camino al Calvario

Antes de la crucifixión, Jesús fue azotado. Los soldados romanos le pusieron una corona de espinas y un manto de púrpura, burlándose de él como "rey de los judíos":

"Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura; y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! Y le daban de bofetadas."Juan 19:2-3, RVR1960

Debilitado por los azotes, Jesús cargó su propia cruz hacia el Gólgota. En el camino, los soldados obligaron a un hombre llamado Simón de Cirene a llevar la cruz por él (Marcos 15:21).

La crucifixión

Llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa "Lugar de la Calavera". Allí lo clavaron en la cruz. Eran aproximadamente las nueve de la mañana:

"Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen."Lucas 23:33-34, RVR1960

Sus primeras palabras desde la cruz fueron de perdón. No pidió justicia. No maldijo a sus verdugos. Pidió misericordia para ellos.

Los soldados se repartieron sus ropas echando suertes. Los líderes religiosos se burlaban. Uno de los criminales crucificados junto a él lo insultaba. Pero el otro criminal reconoció quién era Jesús:

"Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso."Lucas 23:42-43, RVR1960

Incluso en la cruz, muriendo, Jesús seguía salvando.

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, la oscuridad cubrió toda la tierra. Y cerca de la hora novena, Jesús clamó:

"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?"Mateo 27:46, RVR1960

Este grito, tomado del Salmo 22:1, no fue una crisis de fe. Fue la expresión de lo que significaba cargar con el pecado de la humanidad entera: la separación momentánea del Padre. Jesús experimentó lo que nosotros merecíamos para que nosotros nunca tuviéramos que experimentarlo.

Finalmente, Jesús pronunció sus últimas palabras:

"Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró."Lucas 23:46, RVR1960

El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo (Mateo 27:51). Ese velo separaba el lugar santísimo —la presencia de Dios— del resto del templo. Su rasgadura significaba que el acceso a Dios ya no estaba restringido. La muerte de Jesús abrió el camino.

El centurión romano que presenció todo reconoció lo que los líderes religiosos habían negado:

"Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios."Marcos 15:39, RVR1960

La sepultura

José de Arimatea, un miembro del Sanedrín que era discípulo secreto de Jesús, pidió el cuerpo a Pilato:

"José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús."Marcos 15:43, RVR1960

Junto con Nicodemo, envolvieron el cuerpo con lienzos y especias aromáticas, y lo colocaron en un sepulcro nuevo excavado en la roca. Rodaron una gran piedra a la entrada. Los principales sacerdotes pidieron a Pilato que pusiera guardias, temiendo que los discípulos robaran el cuerpo y afirmaran que había resucitado (Mateo 27:62-66).

La resurrección

Al tercer día, el primer día de la semana, todo cambió. Las mujeres que fueron al sepulcro al amanecer encontraron la piedra removida y el sepulcro vacío:

"No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor."Mateo 28:6, RVR1960

Jesús resucitado se apareció primero a María Magdalena (Marcos 16:9), luego a los discípulos en el camino a Emaús (Lucas 24:13-35), después a los once apóstoles reunidos (Lucas 24:36-43), y durante cuarenta días a más de quinientas personas (1 Corintios 15:6).

La resurrección no fue un símbolo ni una metáfora. Los Evangelios insisten en su realidad física: Jesús comió con ellos, los invitó a tocar sus heridas, habló con ellos. La tumba estaba vacía, y la vida de cada uno de esos testigos cambió para siempre.

"Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá."Juan 11:25, RVR1960

Qué nos enseña la pasión de Cristo hoy

Es fácil leer este relato como un acontecimiento lejano, algo que pasó hace dos mil años en una tierra que nunca hemos visitado. Pero la pasión de Cristo habla directamente a las luchas que enfrentamos ahora mismo.

Cuando te sientes traicionado, recuerda que Jesús fue traicionado por uno de sus más cercanos, y aun así lo llamó "amigo". El perdón de Cristo no dependía de la conducta de los demás.

Cuando te sientes abandonado, recuerda que todos los discípulos huyeron aquella noche. Jesús conoce la soledad. Sabe lo que es enfrentar el momento más oscuro sin compañía humana.

Cuando cargas con culpa, recuerda al criminal en la cruz. No tuvo tiempo de hacer obras, no pudo reparar nada, no tenía mérito alguno. Solo dijo: "Acuérdate de mí". Y Jesús le respondió: "Hoy estarás conmigo en el paraíso". La gracia no se gana; se recibe.

Cuando el sufrimiento no tiene sentido, recuerda Getsemaní. Jesús no negó el dolor ni lo romantizó. Pidió que la copa pasara. Pero eligió confiar en el Padre incluso cuando el camino era insoportable. La fe no elimina el sufrimiento; lo atraviesa con la certeza de que Dios está presente.

Cuando piensas que es demasiado tarde, recuerda la resurrección. La historia de Jesús no termina en la cruz ni en la tumba. Termina con una piedra removida y una tumba vacía. Y esa es la promesa que sostiene todo lo demás: la muerte no tiene la última palabra.

El apóstol Pablo resumió el significado de la pasión de Cristo con una claridad que atraviesa siglos:

"Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros."Romanos 5:8, RVR1960

No murió por personas perfectas. Murió por personas como tú y como yo, con dudas, miedos y fracasos. Esa es la esencia de la pasión: un amor que no espera a que lo merezcamos.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos días duró la pasión de Cristo?

La pasión de Cristo, en sentido estricto, abarca desde la última cena hasta la crucifixión, un período de menos de 24 horas. Sin embargo, si incluimos la entrada a Jerusalén y los días de enseñanza en el templo, el relato de los últimos días cubre aproximadamente una semana, lo que la tradición cristiana llama "Semana Santa".

¿Por qué se llama "pasión" a los sufrimientos de Jesús?

La palabra "pasión" viene del latín passio, que significa "sufrimiento" o "padecimiento". No se refiere a la pasión como emoción intensa, sino al sufrimiento voluntario que Jesús experimentó por la humanidad. Los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan narran estos acontecimientos en sus capítulos finales.

¿Qué pasó con Judas después de traicionar a Jesús?

Según Mateo 27:3-5, cuando Judas vio que Jesús había sido condenado, sintió remordimiento, devolvió las treinta piezas de plata a los sacerdotes y se fue y se ahorcó. Los sacerdotes usaron ese dinero para comprar un campo llamado "campo de sangre" (Mateo 27:7-8).

¿Jesús realmente resucitó físicamente?

Los Evangelios presentan la resurrección como un hecho físico, no como una metáfora. Jesús comió con sus discípulos (Lucas 24:42-43), invitó a Tomás a tocar sus heridas (Juan 20:27) y se apareció durante cuarenta días a numerosos testigos. Pablo menciona que se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales seguían vivos cuando él escribió (1 Corintios 15:6).

¿Por qué Dios permitió que Jesús sufriera?

Esta es una de las preguntas más profundas de la fe cristiana. La Biblia enseña que la muerte de Jesús fue el medio que Dios dispuso para reconciliar a la humanidad consigo mismo. Isaías 53:5 profetizó: "Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados" (RVR1960). No fue un acto de crueldad, sino de amor redentor.

La historia de la pasión de Cristo no es solo un relato para leer una vez al año. Es la historia que da sentido a todo lo demás en la Biblia y, para millones de personas, a todo lo demás en la vida. Si quieres seguir profundizando en lo que la Biblia enseña sobre la obra de Jesús, te invitamos a explorar otros artículos del blog donde recorremos juntos las Escrituras con la misma honestidad y cuidado.

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