"Y dijo Jehová Dios a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí."
— Génesis 3:13, RVR1960
Las consecuencias vienen para los tres: la serpiente, la mujer y el hombre. Dolor en el parto, fatiga en el trabajo, la tierra que produce espinos, y finalmente la muerte:
"Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás."
— Génesis 3:19, RVR1960
Un detalle que muchos olvidan: la primera promesa de redención
En medio del juicio, Dios dice algo a la serpiente que los teólogos llaman el "protoevangelio" — la primera promesa de salvación en toda la Biblia:
"Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar."
— Génesis 3:15, RVR1960
Un descendiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente. Para la tradición cristiana, ese descendiente es Cristo. La historia de Adán y Eva no termina en tragedia pura: desde el primer capítulo del desastre, ya hay una promesa de restauración.
Y hay otro gesto que pasa desapercibido:
"Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió."
— Génesis 3:21, RVR1960
Las hojas de higuera que ellos se habían cosido no bastaban. Dios mismo los vistió. Les cubrió la vergüenza. Incluso en el momento del juicio, actuó con cuidado.