"Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé."
— Génesis 6:9, RVR1960
"Perfecto en sus generaciones" no significa que nunca cometió un error. Significa que, comparado con la corriente de su tiempo, Noé nadó en dirección opuesta. Caminó con Dios cuando nadie más lo hacía. Y esa fidelidad silenciosa fue lo que marcó la diferencia entre la destrucción y la salvación, no solo para él, sino para toda la humanidad que vendría después.
Noé tenía tres hijos: Sem, Cam y Jafet. Y fue a esta pequeña familia a quien Dios confió el plan más extraño que alguien hubiera recibido jamás.
Las instrucciones de Dios: la construcción del arca
Dios no solo advirtió a Noé sobre lo que venía. Le dio instrucciones precisas, detalladas, prácticas. El arca no fue una idea vaga ni una inspiración mística: fue un proyecto de ingeniería con medidas concretas.
"Hazte un arca de madera de gofer; harás aposentos en el arca, y la calafatearás con brea por dentro y por fuera."
— Génesis 6:14, RVR1960
Y luego, las dimensiones:
"Y de esta manera la harás: de trescientos codos de largo, de cincuenta codos de ancho y de treinta codos de alto."
— Génesis 6:15, RVR1960
Un codo equivale aproximadamente a 45 centímetros. Eso convierte al arca en una estructura de unos 135 metros de largo, 22,5 metros de ancho y 13,5 metros de alto. Para ponerlo en perspectiva, eso es más largo que un campo de fútbol y del tamaño de muchos barcos cargueros modernos. No era un bote pequeño.