"Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados."
— Mateo 26:26-28, RVR1960
Este es el relato central. Jesús, en la noche de la Pascua judía, toma dos elementos cotidianos —pan y vino— y les da un significado completamente nuevo: representan su cuerpo entregado y su sangre derramada.
"Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama."
— Lucas 22:19-20, RVR1960
Lucas añade una frase esencial: "haced esto en memoria de mí." No fue solo un momento simbólico de una noche; fue una instrucción para que se repitiera.
"Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga."
— 1 Corintios 11:23-26, RVR1960
Pablo no estuvo presente en la Última Cena, pero dice que recibió esta enseñanza "del Señor" y la transmitió fielmente a la iglesia de Corinto. Su relato confirma que la comunión era una práctica establecida en la iglesia primitiva, no una invención posterior.