Tal vez te han dicho que tienes que elegir: o crees en la Biblia, o crees en la ciencia. Quizá en una conversación, en una clase, o incluso en tu propia mente, has sentido esa tensión. "Si la ciencia demuestra tal cosa, ¿mi fe no tiene sentido?" Es una pregunta que pesa, y si te la estás haciendo, no eres el primero ni estarás solo.
La respuesta corta y honesta es esta: la Biblia y la ciencia no tienen por qué ser enemigas. La Biblia no fue escrita como un manual de biología o de física. Fue escrita para revelarnos quién es Dios, quiénes somos nosotros y cuál es el sentido de nuestra existencia. La ciencia busca entender cómo funciona el mundo; la Biblia busca revelar quién lo hizo y para qué. Son preguntas diferentes.






