"Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo."
— 1 Pedro 4:12-13, RVR1960
"Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza."
— Romanos 5:3-4, RVR1960
Job fue descrito como el hombre más justo de la tierra y perdió todo. Pablo tenía un "aguijón en la carne" que Dios decidió no quitar (2 Corintios 12:7-9). Los apóstoles fueron perseguidos, encarcelados y asesinados. Si la fidelidad garantizara riqueza y salud, los hombres y mujeres más fieles de la Biblia serían los primeros en contradecir esa idea.
Entonces, ¿la Biblia condena la riqueza?
No. Y esto es importante. La Biblia no dice que ser rico sea pecado. Abraham era rico. Job fue restaurado con más de lo que tenía. José fue gobernador de Egipto. La riqueza no es el problema.
El problema es qué lugar ocupa el dinero en tu corazón.
"A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos."
— 1 Timoteo 6:17-18, RVR1960
La Biblia no condena tener dinero. Condena amar el dinero, confiar en el dinero más que en Dios, y usar la fe como herramienta para obtener dinero. Esa es exactamente la línea que cruza la teología de la prosperidad.
¿Qué es la verdadera prosperidad según la Biblia?
Si la prosperidad bíblica no se mide en dinero, ¿en qué se mide? La Escritura es clara: