Pablo reconoce que la paciencia nace de un proceso que no siempre es cómodo:
"Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza."
— Romanos 5:3-4, RVR1960
Nota la cadena: tribulación → paciencia → prueba → esperanza. La paciencia no es el final del camino; es un eslabón que te lleva a algo mejor. Sin ella, la cadena se rompe y nunca llegas a la esperanza.
¿Cómo practicar la paciencia con las personas difíciles?
Esta es quizás la aplicación más complicada. Una cosa es esperar en Dios y otra muy distinta es no perder la calma con el compañero de trabajo que te irrita, el familiar que siempre critica o la persona que te falló.
"Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor."
— Efesios 4:2, RVR1960
Pablo usa aquí la palabra makrothymía — paciencia de ánimo largo con personas. Y la une a la humildad. ¿Por qué? Porque la impaciencia con otros casi siempre nace de creer que merecemos algo mejor. La humildad nos recuerda que nosotros también hemos necesitado (y seguimos necesitando) que Dios y otros sean pacientes con nosotros.
"El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece."
— 1 Corintios 13:4, RVR1960
"El amor es sufrido" — la primera característica del amor en el capítulo más famoso de la Biblia sobre el tema. La palabra griega original es, de nuevo, makrothymeí: tiene un ánimo largo. El amor bíblico empieza con paciencia. No con sentimiento, no con palabras bonitas. Con paciencia.