Hay momentos en los que la vida se siente como un ruido ensordecedor. Las preocupaciones se amontonan, el pecho se aprieta, el insomnio se instala, y alguien te dice "ten paz" como si fuera tan sencillo como abrir una llave de agua. Pero tú sabes que no es así. Cuando la ansiedad te consume, la paz parece un concepto bonito pero imposible.
La Biblia habla de una paz diferente. No es la ausencia de problemas ni la calma que viene cuando todo se resuelve. Es una paz que —según las propias Escrituras— sobrepasa todo entendimiento. Es decir, una paz que no tiene explicación lógica, que aparece incluso cuando las circunstancias no han cambiado. Y esa paz tiene un origen concreto: Dios mismo.





