1. La oración honesta (no la oración "correcta")
Filipenses 4:6 dice que lleves tus peticiones "en toda oración y ruego". No dice que tengas que usar palabras bonitas. Puedes decir: "Dios, estoy agotado. No puedo más. Necesito que me ayudes porque yo solo no puedo." Eso es oración. Los Salmos están llenos de oraciones así de crudas.
2. La práctica del "soltar" diario
1 Pedro 5:7 dice "echando toda vuestra ansiedad sobre él". Puedes hacer esto de forma práctica: cada mañana o cada noche, escribe en un papel las cosas que te están robando la paz. Léelas en voz alta y di: "Dios, te entrego esto. No puedo cargarlo solo." No es que los problemas desaparezcan, pero dejas de cargarlos tú solo.
3. Descanso como acto de fe
Dios instituyó el reposo desde la creación (Génesis 2:2-3) y lo hizo mandamiento. En una cultura que glorifica estar ocupado, descansar es un acto contracultural de confianza en Dios. Dice: "Confío en que el mundo no se cae si yo paro."
"Estad quietos, y conoced que yo soy Dios."
— Salmo 46:10, RVR1960
A veces "estar quieto" es lo más valiente y lo más difícil que puedes hacer.
4. Leer los Salmos como compañía
Cuando el estrés te supera, no necesitas un estudio bíblico profundo. Necesitas compañía. Lee un Salmo — el 23, el 27, el 42, el 46, el 91, el 121 — en voz alta, despacio. No busques entenderlo todo. Solo déjalo acompañarte. Muchas personas han encontrado que leer un Salmo antes de dormir cambia radicalmente la calidad de su descanso.