Más adelante, en la ley de Moisés, Dios instituyó el año de jubileo (Levítico 25:10-12), un tiempo donde la tierra descansaba, las deudas se perdonaban y las personas volvían a su herencia. La palabra "jubilación" comparte esa raíz. Es un tiempo de libertad, de restauración, de volver a lo esencial.
"Y satisfaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será de jubileo."
— Levítico 25:10, RVR1960
Tu jubilación tiene eco de jubileo: un tiempo para ser libre de las cargas que llevaste durante años y para disfrutar la herencia que Dios ha preparado.
¿Todavía tengo propósito después de jubilarme?
Esta es quizás la pregunta más difícil. Cuando tu identidad ha estado ligada a tu profesión, a tu rol como proveedor o proveedora, a la rutina que te definía, perder eso puede sentirse como perder una parte de ti.
Pero la Biblia es clara: tu propósito nunca estuvo en tu empleo. Tu propósito está en Dios, y Él no jubila a nadie.
"Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas."
— Efesios 2:10, RVR1960
Nota que Pablo dice "buenas obras" en plural y en general. No dice "tu carrera profesional". Las buenas obras que Dios preparó para ti incluyen amar a tus nietos, orar por tu comunidad, acompañar a alguien que sufre, enseñar lo que has aprendido, servir donde otros no pueden. Estas obras no requieren una nómina. Requieren un corazón dispuesto.