1. Convierte un versículo en tu oración de la mañana
Elige uno de los versículos de este artículo —el que más te toque el corazón— y léelo en voz alta cada mañana al despertar. No hace falta una oración larga. Puedes simplemente decir: "Señor, Tú dijiste que hasta las canas me soportarás. Hoy confío en eso." Eso ya es orar.
2. Escribe una lista de lo que Dios ha hecho en tu vida
El Salmo 71:17 dice "me enseñaste desde mi juventud". Haz una lista física —en un papel, no en la mente— de momentos en que Dios estuvo presente. La infancia, los hijos, las crisis de las que saliste. Esa lista es evidencia de que Él no te va a soltar ahora.
3. Busca una voz cada día
La soledad se combate con voces. Si no puedes salir, llama a alguien. Si no tienes a quién llamar, escucha la Palabra en audio. Muchas aplicaciones y sitios tienen la Biblia RVR1960 en audio gratuito. Llenar el silencio de la casa con la voz de la Escritura cambia el ambiente espiritual de tu hogar.
4. Pide ayuda sin culpa
Pedir compañía no es debilidad. El mismo Jesús, en Getsemaní, les pidió a sus discípulos que se quedaran despiertos con Él (Mateo 26:38). Si el Hijo de Dios necesitó compañía en Su hora más oscura, tú también puedes pedirla. Habla con tu pastor, con un vecino, con un familiar. Di: "Me siento solo/a. Necesito que me visiten." No hay vergüenza en eso.
5. Recuerda que tu vida sigue dando fruto
Quizá ya no puedes hacer lo que hacías antes. Pero puedes orar. La oración de un anciano que conoce a Dios de toda la vida tiene un peso enorme. Puedes bendecir, aconsejar, compartir tu historia. El Salmo 92:14 no dice "quizá fructificarán". Dice "fructificarán", en futuro seguro.