Si estás viviendo una situación de abuso en tu hogar — o conoces a alguien que la vive — necesitas saber algo antes que cualquier otra cosa: Dios no avala la violencia doméstica. Nunca lo hizo. Nunca lo hará. Ningún versículo bíblico, leído con honestidad y en su contexto, justifica que una persona golpee, humille, controle o destruya a quien debería amar.
La Biblia habla con claridad sobre la dignidad de cada persona, sobre la protección del vulnerable y sobre la responsabilidad de quien tiene poder. En este artículo vas a encontrar los versículos que lo demuestran, el contexto que a veces se distorsiona para justificar el abuso, y una guía pastoral honesta para saber cómo actuar. No estás sola. No estás solo. Y tu dolor le importa a Dios.



