"Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca."
— Hebreos 10:24-25, RVR1960
La fe cristiana nunca fue diseñada para vivirse en aislamiento. El escritor de Hebreos no dice simplemente "reúnanse"; dice que al congregarnos nos estimulamos mutuamente al amor y a las buenas obras. Hay algo que sucede cuando la Palabra se abre en comunidad que no ocurre cuando la lees solo en tu cuarto. Las perspectivas de otros iluminan lo que tú no habías visto. Las preguntas de alguien más se convierten en tu propia revelación.
"Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo."
— Proverbios 27:17, RVR1960
Este versículo describe perfectamente lo que pasa en un buen estudio bíblico grupal: las personas se afilan unas a otras. No se trata de que un experto enseñe a un grupo de ignorantes. Se trata de que todos, con humildad, se acerquen al texto y dejen que el texto los transforme.
"Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos."
— Mateo 18:20, RVR1960
Jesús mismo prometió su presencia especial cuando su pueblo se reúne en su nombre. No necesitas un grupo de cincuenta personas. Dos o tres son suficientes. Lo que importa es el propósito con el que se reúnen.
Paso 1 — Define el propósito y el formato del grupo
El error más común al empezar un estudio bíblico en grupo es lanzarse sin haber definido qué tipo de reunión quieres tener. No todos los estudios bíblicos funcionan igual, y eso está bien. Lo importante es que tú y tu grupo tengan claridad desde el principio.