Tal vez estás atravesando una situación que te supera —una decisión difícil, una crisis familiar, una sequía espiritual que no logras explicar— y has escuchado que el ayuno puede ayudarte a acercarte a Dios. Pero no sabes bien por dónde empezar. ¿Cuánto tiempo? ¿De qué tipo? ¿Se puede tomar agua? ¿Realmente la Biblia lo pide?
La buena noticia es que la Escritura no deja este tema en la ambigüedad. El ayuno bíblico es una práctica voluntaria de abstinencia que busca enfocar el corazón en Dios, generalmente acompañada de oración. No es un castigo ni una dieta: es un acto íntimo de dependencia espiritual. Y Jesús mismo no solo lo practicó, sino que enseñó a sus discípulos cómo hacerlo.






