Espera incomodidad, pero no la glorifiques. Vas a tener hambre. Puede que te duela la cabeza. Eso es normal. No significa que estás más cerca de Dios. Tampoco significa que debas abandonar. Cada punzada de hambre puede ser un recordatorio: "Dios, te necesito más que esto."
Al romper el ayuno
Come liviano. Después de un ayuno prolongado, tu estómago necesita readaptarse. Frutas, caldos, porciones pequeñas.
Agradece. El momento de romper el ayuno es un momento de gratitud. Dios provee el pan. Cada comida después de un ayuno se siente como un regalo, porque lo es.
¿Jesús nos mandó a ayunar?
No hay un mandamiento directo de Jesús que diga "debes ayunar". Pero como vimos en Mateo 6:16, Jesús asume que sus seguidores lo harán. Además, cuando le preguntaron por qué sus discípulos no ayunaban, respondió algo muy revelador:
"¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán."
— Mateo 9:15, RVR1960
Jesús — el Esposo — ya no está físicamente entre nosotros. Según sus propias palabras, este es precisamente el tiempo en que sus seguidores ayunarán. No como castigo por su ausencia, sino como expresión de anhelo por su presencia y su regreso.