En este artículo vas a encontrar los versículos clave sobre el ayuno en la Reina-Valera 1960, el propósito real que Dios le da, los errores que la Biblia advierte, y una guía práctica para que puedas vivirlo hoy con libertad y sin legalismo.
La respuesta directa de la Biblia sobre el ayuno
El ayuno aparece a lo largo de toda la Escritura, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. No es una sugerencia marginal; es una práctica que los hombres y mujeres de Dios ejercieron en los momentos más importantes de su vida espiritual. Estos versículos lo resumen con claridad:
"Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público."
— Mateo 6:16-18, RVR1960
Fíjate en algo crucial: Jesús no dice "si ayunáis", dice "cuando ayunéis". Da por hecho que sus seguidores van a ayunar. No lo presenta como algo opcional, sino como parte natural de la vida de fe, al mismo nivel que la oración y la limosna, que enseña en el mismo capítulo.
"Pero este género no sale sino con oración y ayuno."
— Mateo 17:21, RVR1960
Jesús pronunció estas palabras después de que sus discípulos no pudieron expulsar un demonio. La oración y el ayuno juntos alcanzan un nivel de autoridad espiritual que la oración sola a veces no logra. No porque Dios necesite que nos sacrifiquemos para escucharnos, sino porque el ayuno transforma nuestra disposición interior.
"Satisface tu boca de bien, de modo que te rejuvenezcas como el águila."
— Salmos 103:5, RVR1960
"Humillé con ayuno mi alma, y mi oración se volvía a mi seno."
— Salmos 35:13, RVR1960
David conecta el ayuno directamente con la humildad del alma. No es un castigo al cuerpo; es una declaración del espíritu: "Mi necesidad de Dios es mayor que mi necesidad de alimento."