Si perdiste a alguien
"Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu."
— Salmo 34:18, RVR1960
Dios no está lejos de tu dolor. Está más cerca que nunca. Llorar no es falta de fe. Jesús mismo lloró ante la tumba de Lázaro (Juan 11:35), aun sabiendo que lo iba a resucitar. Tu llanto es legítimo ante los ojos de Dios.
Si perdiste tu hogar o tus bienes
"Porque sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad."
— Salmo 84:11, RVR1960
Perder lo material duele profundamente porque en esas paredes estaban tus recuerdos, tu esfuerzo, tu vida. Dios lo sabe. Y su promesa es que Él mismo será tu provisión.
Si sientes miedo de que vuelva a temblar
"Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio."
— 2 Timoteo 1:7, RVR1960
El miedo después de un terremoto es una respuesta natural del cuerpo. No es pecado. Pero Dios te ofrece algo más fuerte que el miedo: su Espíritu, que trae poder y dominio propio. Cada vez que sientas una réplica —real o imaginada— puedes repetir este versículo como un ancla.
Si sientes culpa por haber sobrevivido
"Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis."
— Jeremías 29:11, RVR1960
Sobrevivir no es un accidente. Tu vida tiene propósito. La culpa del sobreviviente es un peso que Dios no te puso, y puedes entregárselo en oración.
Paso 5: Ora por otros, no solo por ti
Una de las cosas más poderosas que puedes hacer después de un desastre es salir de tu propio dolor por un momento para interceder por otros. No porque tu dolor no importe —importa mucho—, sino porque orar por otros tiene un efecto sanador que la Biblia describe claramente: