- Comparte lo que tienes. Agua, comida, una cobija, un espacio en tu casa. No necesitas tener mucho para dar algo.
- Acompaña. A veces lo más valioso que puedes ofrecer es tu presencia. Sentarte junto a alguien que llora sin decir nada es un acto profundamente bíblico (Job 2:13 — los amigos de Job se sentaron con él siete días sin hablar).
- Organízate con tu comunidad de fe. Si tienes una iglesia local, conéctate con ella. Las iglesias suelen ser los primeros centros de ayuda en desastres.
- No difundas rumores. En medio del caos circula información falsa que aumenta el miedo. La verdad es un acto de amor.
"Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo."
— Gálatas 6:2, RVR1960
Paso 7: Mantén una rutina de oración en los días y semanas siguientes
El consuelo de Dios no es solo para el día del terremoto. Las réplicas emocionales duran mucho más que las réplicas sísmicas. El insomnio, la ansiedad, los sobresaltos, la tristeza que aparece sin aviso: todo eso es normal y todo eso necesita ser llevado a Dios una y otra vez.
"Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús."
— Filipenses 4:6-7, RVR1960
Un plan sencillo para las próximas semanas:
- Por la mañana: Lee un Salmo antes de revisar noticias. El Salmo 143 es especialmente bueno para mañanas difíciles ("Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado" — Salmo 143:8).
- Durante el día: Cada vez que sientas miedo o angustia, repite en tu mente un versículo ancla. Puede ser Salmo 46:1, Isaías 41:10 o 2 Timoteo 1:7.
- Por la noche: Antes de dormir, agradece algo concreto del día —por pequeño que sea—. La gratitud no niega el dolor; lo pone en perspectiva.
"No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia."
— Isaías 41:10, RVR1960
Errores comunes a evitar
Pensar que el terremoto fue un castigo de Dios por tus pecados
Jesús mismo corrigió esta idea cuando le preguntaron por una torre que cayó sobre dieciocho personas en Siloé: "¿Pensáis que estos eran más pecadores que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No" (Lucas 13:4-5, RVR1960). Los desastres naturales no son castigos personales dirigidos a ti.
Sentir que "no deberías" tener miedo si eres creyente
La fe no elimina las emociones humanas. David, el hombre conforme al corazón de Dios, escribió: "Mis enemigos me pisotean todo el día… En el día que temo, yo en ti confío" (Salmo 56:2-3, RVR1960). Tuvo miedo y confió. Las dos cosas al mismo tiempo. Eso es fe real.
Aislarte y rechazar ayuda
El dolor a veces nos hace encerrarnos. Pero la Biblia insiste en la comunidad: "Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero" (Eclesiastés 4:9-10, RVR1960). Deja que otros te ayuden. Recibir ayuda no es debilidad.