El libro de Job es el lugar donde esta tensión se explora con más profundidad. Job lo perdió todo — hijos, salud, bienes — sin haber hecho nada malo. Sus amigos insistían en que debía haber un pecado oculto. Pero al final, Dios mismo habló. Y en vez de dar una explicación lógica del sufrimiento, reveló su soberanía sobre toda la creación:
"¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia."
— Job 38:4, RVR1960
"¿Has entrado tú hasta las fuentes del mar, y has andado escudriñando el abismo?"
— Job 38:16, RVR1960
La respuesta de Dios a Job no fue "te explico por qué sufriste." Fue: "Yo soy más grande que tu capacidad de entender, y no te he abandonado." Y Job, lejos de sentirse ofendido, respondió:
"De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven."
— Job 42:5, RVR1960
Hay misterio en el sufrimiento. La Biblia no lo niega. Pero hay algo que la Biblia sí afirma sin ambigüedad: Dios no abandona a los que sufren.
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¿Los terremotos son señales del fin de los tiempos?
Jesús sí mencionó los terremotos como parte de las señales que precederían su regreso:
"Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores."
— Mateo 24:7-8, RVR1960
Sin embargo, nota dos cosas importantes. Primero, Jesús dijo que esto sería solo "principio de dolores", no la señal definitiva del fin. Segundo, los terremotos han existido durante toda la historia humana. Lo que Jesús está describiendo no es que los terremotos sean nuevos, sino que forman parte de un patrón más amplio que caracteriza al mundo antes de su regreso.