"Desde el satisface mi alma de bienes cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare."
— Salmos 61:2, RVR1960
Si estás enojado, confundido o asustado, díselo a Dios. Él no se ofende. Él ya lo sabe.
2. Sé las manos de Dios para otros
La pregunta "¿por qué Dios no hace nada?" a menudo ignora que Dios actúa a través de su pueblo. Cuando envías ayuda, cuando abres tu casa, cuando donas para la reconstrucción, tú eres parte de la respuesta de Dios al desastre.
"Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo."
— Gálatas 6:2, RVR1960
3. No construyas tu seguridad sobre lo temporal
Jesús contó la parábola de los dos cimientos exactamente para momentos como este:
"Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca."
— Mateo 7:25, RVR1960
La tormenta viene para todos. La diferencia no es si te toca o no, sino sobre qué has construido tu vida. La roca es Cristo y su Palabra.
4. Recuerda que este mundo no es el final
"Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron."
— Apocalipsis 21:4, RVR1960
El sufrimiento que causan los huracanes y tornados es real, devastador y legítimamente doloroso. Pero no es eterno. Dios promete un mundo nuevo donde no habrá más tormentas destructivas, ni pérdida, ni llanto. Esa promesa no minimiza el dolor de hoy; le da un horizonte.