"Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran."
— Romanos 12:15, RVR1960
"Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo."
— Gálatas 6:2, RVR1960
Cuando la tormenta golpea, tu llamado no es a juzgar por qué llegó, sino a ser las manos de Dios para quien la está sufriendo. Llevar agua, ofrecer refugio, estar presente. Esa es la teología que importa cuando el agua sube.
Lo que sí puedes creer sobre Dios y la tormenta
Que Dios es soberano sobre la naturaleza no significa que cada evento meteorológico sea un mensaje moral personalizado. Significa algo mucho más profundo: que ni siquiera la peor tormenta escapa de su conocimiento y de su plan final de redención.
"¿Quién satisface de lluvia la tierra desierta, inhóspita, sin morador?"
— Job 38:26-27, RVR1960
Este versículo viene del discurso donde Dios le responde a Job — no para explicarle el porqué de su sufrimiento, sino para recordarle que hay una complejidad en el gobierno del mundo que supera la comprensión humana. Dios hace llover incluso donde no hay nadie mirando. La lluvia no gira alrededor de nosotros.
Preguntas frecuentes
¿Dios envió el diluvio como castigo, entonces sí puede castigar con agua?
Sí, el diluvio fue un juicio declarado por Dios (Génesis 6:5-7). Pero fue un evento único en la historia bíblica, anunciado con anticipación, y Dios mismo prometió después que no volvería a destruir la tierra con agua: "Y estableceré mi pacto con vosotros, y no exterminaré ya más toda carne con aguas de diluvio" (Génesis 9:11, RVR1960). Usar el diluvio para justificar que cada inundación local es castigo contradice el pacto que Dios hizo tras el propio diluvio.