"De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven."
— Job 42:5, RVR1960
La lección de Job no es que el sufrimiento sea bueno, ni que siempre tenga un propósito visible. La lección es que Dios no abandona al que sufre, y que hay cosas que solo se entienden cuando se confía más allá de lo que se puede ver.
¿Usa Dios el sufrimiento para algo?
La Biblia sí habla de que Dios puede usar el sufrimiento —aunque no lo cause— para producir algo valioso en nosotros. Pablo lo expresa con claridad:
"Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza."
— Romanos 5:3-4, RVR1960
Esto no es una glorificación del dolor. Es un reconocimiento de que, en manos de Dios, incluso lo peor puede producir algo que no se consigue de otra manera: fortaleza, carácter, una esperanza más profunda que el optimismo superficial.
El autor de Hebreos usa la imagen de un padre que disciplina a su hijo:
"Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados."
— Hebreos 12:11, RVR1960
Pero aquí es importante ser cuidadosos. No todo sufrimiento es disciplina. No toda enfermedad es una "lección". La Biblia distingue entre el sufrimiento que viene de vivir en un mundo roto, el que causan otros seres humanos, y los momentos en que Dios permite una prueba con un propósito de crecimiento. No debemos poner etiquetas simplistas al dolor ajeno ni al propio.