Estás leyendo las noticias. Las imágenes son devastadoras: calles convertidas en ríos, familias que lo perdieron todo, cuerpos de rescate que no dan abasto. Y en algún lugar profundo de tu corazón se forma la pregunta que nadie se atreve a hacer en voz alta: ¿por qué Dios permite esto?
No es una pregunta irreverente. Es una pregunta profundamente humana, y la Biblia no la evade. La respuesta directa es esta: la Escritura enseña que Dios es soberano sobre toda la creación —incluyendo las lluvias y las aguas—, pero que vivimos en un mundo afectado por el pecado donde la creación misma gime esperando ser restaurada. Dios no es el autor del caos ni se complace en el sufrimiento; sin embargo, en su misterio, permite que las consecuencias de un mundo caído sigan su curso mientras sostiene, consuela y redime a quienes claman a Él.






