"Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios."
— Romanos 8:21, RVR1960
La creación no está rota para siempre: será restaurada. Pero mientras tanto, vivimos en un mundo donde los terremotos ocurren porque la tierra misma está bajo el efecto de la caída.
Jesús lo aclaró directamente
Cuando le preguntaron a Jesús si las personas que sufrieron una tragedia eran más pecadoras que las demás, su respuesta fue contundente:
"¿O pensáis que aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente."
— Lucas 13:4-5, RVR1960
Jesús desmontó la lógica de "les pasó algo malo, así que debían ser peores pecadores". La torre no cayó porque fueran más culpables. Jesús usó la tragedia como un llamado universal al arrepentimiento, no como una explicación causa-efecto entre pecado individual y desastre concreto.
El libro de Job: el caso más extenso
Todo el libro de Job gira alrededor de esta cuestión. Job perdió hijos, salud y bienes. Sus amigos insistían en que debía haber pecado para merecer semejante sufrimiento. Pero Dios mismo declaró lo contrario:
"¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?"
— Job 1:8, RVR1960
Job sufrió no por castigo, sino dentro de un misterio que ni siquiera él comprendía del todo. Al final del libro, Dios no le da a Job una explicación del "por qué"; le revela su soberanía sobre toda la creación. Y eso fue suficiente.