"Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra."
— Mateo 2:11, RVR1960
Fíjate en un detalle que muchos pesebres navideños ignoran: Mateo dice "la casa", no el pesebre. Para cuando los magos llegan, la familia ya no está en el establo. Este es un ejemplo de cómo la tradición popular ha mezclado las dos narrativas en una sola escena, pero la Biblia las presenta en momentos distintos.
Las profecías del Antiguo Testamento que anuncian el nacimiento
La Navidad no empieza en Lucas ni en Mateo. Empieza siglos antes, en las promesas del Antiguo Testamento. Los primeros cristianos entendieron el nacimiento de Jesús como el cumplimiento de profecías antiguas. Estas son las más importantes:
"Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel."
— Isaías 7:14, RVR1960
"Emanuel" significa "Dios con nosotros". Mateo cita directamente este versículo en su relato del nacimiento (Mateo 1:23). La idea central es que Dios no se queda lejos: viene a estar con su pueblo.
"Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad."
— Miqueas 5:2, RVR1960
Belén no era una ciudad importante. Era un pueblo pequeño, casi insignificante. Y sin embargo, el profeta Miqueas anuncia que de ahí saldrá alguien cuyo origen es eterno. Los sacerdotes en tiempos de Herodes conocían esta profecía; cuando el rey les pregunta dónde nacería el Cristo, citan exactamente este versículo (Mateo 2:5-6).
"Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz."
— Isaías 9:6, RVR1960
Este versículo ya lo mencionamos arriba, pero vale la pena detenerse en los nombres: Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Cada nombre es una declaración. Este niño no viene solo a nacer; viene a gobernar, a consolar, a dar paz.