Todos hemos estado ahí. Ese momento en que sentimos que tenemos la razón, que no necesitamos consejo, que los demás deberían reconocer lo que valemos. El orgullo no siempre llega con un discurso grandioso: a veces aparece como una voz silenciosa que nos dice que podemos solos, que pedir ayuda es de débiles, que nuestro juicio es mejor que el de los demás. Y poco a poco, sin darnos cuenta, nos va aislando.
La Biblia es muy directa sobre el orgullo: lo señala como uno de los pecados más peligrosos para el alma humana, porque es el único que nos hace creer que no necesitamos a Dios. En este artículo vas a encontrar los versículos más claros de la Reina-Valera 1960 sobre la soberbia, su contexto, por qué Dios se opone tan firmemente al orgulloso, y —lo más importante— cómo cultivar la humildad de forma práctica en tu vida diaria.






